La última conversación de los maquinistas del AVE fallecidos en Urda
  • Álvaro Aznar, instructor de Antonio Acedo y Daniel Cabañas, ha recordado la charla que mantuvo con ambos la mañana del accidente ferroviario.

  • Los tres bromearon sobre las incidencias que podían encontrarse durante sus trayectos, sin imaginar que aquella conversación en una cafetería sería la última antes de la tragedia.

La mañana del 28 de octubre comenzó para Antonio Acedo y Daniel Cabañas como tantas otras jornadas de trabajo. Antes de ponerse a los mandos del AVE que cubría la ruta Madrid-Sevilla, ambos coincidieron tomando un café con Álvaro Aznar, el maquinista que había sido su instructor y que compartió con ellos numerosas horas de formación.

Durante aquel encuentro hablaron de una de las bromas que circulaban entre los profesionales del ferrocarril: un juego virtual conocido como «la ruleta de los trenes», que plantea distintas incidencias que pueden aparecer durante un servicio. Entre las posibilidades figuraban fallos del sistema LZB, averías de otros convoyes o incluso descarrilamientos.

«¿Has jugado ya a la ruleta?», preguntó Aznar a sus dos compañeros. La respuesta de uno de ellos quedó grabada en la memoria del instructor: «A ver qué nos toca hoy en la ruleta rusa, a ver cuándo llegamos».

Ninguno podía imaginar entonces que aquellas palabras adquirirían un significado tan doloroso horas después. Acedo y Cabañas viajaban en la cabina del AVE que terminó colisionando con un tren Iryo detenido cerca de Urda, en la provincia de Toledo. Ambos fallecieron en el accidente.

Dos alumnos a los que les unía una estrecha relación profesional

Álvaro Aznar ha recordado a los dos maquinistas con evidente emoción. No eran simplemente compañeros de profesión: habían sido sus alumnos y habían compartido con él una parte importante de su formación. Durante años, el instructor les había transmitido conocimientos técnicos y consejos relacionados con la seguridad y el trabajo en cabina.

De Antonio Acedo destaca su carácter riguroso, su rectitud y su calidad humana. También ha recordado que estaba a punto de convertirse en padre. Su mujer, que también trabaja como maquinista, está embarazada.

Sobre Daniel Cabañas, el instructor ha destacado su carácter alegre y jovial. El joven se encontraba realizando prácticas en aquella línea, aunque Aznar ha querido aclarar que no se trataba de una falta de experiencia. Estaba completando los trayectos necesarios para quedar habilitado en ese recorrido y con ese modelo de tren.

Los dos formaban parte de una nueva generación de maquinistas vinculada a la academia de Adif. Aznar recuerda que ambos estaban llenos de vida y que la noticia de su muerte le produjo un dolor inmenso.

La relación entre los tres, además, había tenido una particularidad. Aznar estuvo apartado durante un año por una lesión grave de rodilla y, cuando tuvo que reincorporarse y actualizar sus conocimientos, fueron precisamente Acedo y Cabañas quienes pasaron a instruirle en algunos aspectos. Los antiguos alumnos se convirtieron temporalmente en sus instructores.

La tragedia llegó mientras Aznar preparaba su propio servicio

Después de aquel café, los tres continuaron con sus respectivas jornadas. Acedo y Cabañas tenían asignado el AVE Madrid-Sevilla de las ocho de la mañana, identificado como el servicio 2080. Aznar, por su parte, debía conducir el tren Madrid-Castellón de las 9:40 horas, aunque acudía a preparar su convoy a la misma hora que sus compañeros.

Según ha explicado, solían coincidir alrededor de las siete de la mañana. A los dos fallecidos les gustaba especialmente la ruta hacia Sevilla porque les permitía llegar a la ciudad y desayunar allí.

Aznar continuó con su jornada, pero la circulación ferroviaria quedó alterada por la incidencia que acabaría teniendo consecuencias devastadoras. Su propio tren no podía salir y, al acudir a la zona de descanso, se encontró con numerosos compañeros que también habían visto interrumpido su servicio.

Allí compartieron las primeras noticias y las imágenes del accidente. La preocupación inicial fue dando paso al horror a medida que se conocía la gravedad del choque y se confirmaba que los dos maquinistas que habían estado tomando café con él pocas horas antes se encontraban en la cabina del tren siniestrado.

El instructor ha explicado que, al conocer dónde se había producido el impacto, comprendió la enorme violencia que había soportado la parte delantera del convoy. También pensó inmediatamente en la mujer de Acedo, embarazada y compañera de profesión del fallecido. Por ello, recomendó que recibiera asistencia y que evitara exponerse a las imágenes del accidente.

Pide que no se responsabilice a los maquinistas fallecidos

Más allá del dolor personal, Aznar ha mostrado su preocupación por la difusión de las conversaciones entre el centro de control de Adif y los maquinistas de los trenes implicados. Considera que las grabaciones que se han conocido ofrecen una visión parcial de lo ocurrido y reclama que se escuche el conjunto de las comunicaciones antes de extraer conclusiones.

En particular, ha señalado que todavía falta por conocer qué se dijo dentro de la cabina del AVE después de las conversaciones difundidas. A su juicio, esa información puede resultar importante para reconstruir los acontecimientos.

El instructor también teme que el debate público termine señalando a los dos trabajadores que perdieron la vida y que ya no pueden explicar su actuación. «A quien ya no puede defenderse se le acaba responsabilizando», ha advertido al referirse a la posibilidad de que se les atribuya una falta de reacción o de frenado sin conocer todos los elementos de la investigación.

Sus declaraciones llegan en un momento en el que las autoridades continúan analizando las circunstancias del accidente. La caída del sistema de seguridad LZB, las instrucciones transmitidas desde el centro de control y la circulación de los trenes durante la incidencia forman parte de las cuestiones que deben esclarecerse.

La investigación tendrá que determinar qué ocurrió exactamente y si hubo fallos técnicos, errores en los protocolos o decisiones humanas que contribuyeron al siniestro. Por ahora, las declaraciones de Aznar aportan el recuerdo personal de las últimas horas de dos de los fallecidos, pero no sustituyen las conclusiones que deberán establecer los investigadores.

Tras 42 años de experiencia ferroviaria y cerca de su jubilación, el instructor reconoce que esta tragedia le ha afectado especialmente. No solo ha perdido a dos antiguos alumnos, sino también a dos compañeros con los que había compartido trabajo, formación y una relación profesional muy estrecha.

La última conversación que mantuvieron aquella mañana, una broma sobre las incidencias que podían encontrarse durante el viaje, ha quedado convertida en un recuerdo especialmente duro para quienes les conocían.

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